
Ante las dudas que despierta el actual modelo sindical de la CNT haré un recorrido histórico para establecer su contraste con el modelo de representación unitario (comités de empresa), así como la continuidad o los paralelismos entre los diferentes ejemplos y épocas. Por tanto, haremos un repaso de los modelos desde sus mismos orígenes para ayudar a su comprensión.
La representación “unitaria”
Comenzaremos remontándonos a la época de la Primera Guerra Mundial. En esos momentos, el Segundo Reich alemán necesita garantizar la producción bélica industrial. Por lo tanto, requiere que la clase obrera industrial fabrique todo lo que se necesita el ejército para librar sus batallas. Los sindicatos alemanes estaban dominados masivamente por la socialdemocracia y ésta había aceptado ir a la guerra de la mano de su burguesía y aristocracia nacional —destrozando la Segunda Internacional, dicho sea de paso—. Como el estado alemán no quería problemas con los obreros, garantizaron la existencia de aquellos sindicatos.
Sin embargo, para los lugares en los que no existían los sindicatos tenían que encontrar algún mecanismo para mantener a los obreros tranquilos… pero que continuasen sin montar sindicatos. La respuesta fue nombrar representantes sindicales votados por la plantilla de las fábricas. Estos representantes tenían la función de negociar las condiciones laborales con la empresa. La socialdemocracia aceptó que estos delegados obreros estuviesen subordinados a las necesidades de producción bélica y que la organización fuese de estilo vertical. Más adelante surgiría un sector radical en el seno de estos representantes, conocido por Revolutionäre Obleute, que reinvidicaban la autonomía de la clase obrera y que fueron el germen del Partido Comunista de la postguerra, pero esto es otra historia1.
Quedémonos con el terror que supuso la Revolución rusa, los soviets de Hungría, de Baviera, los consejos obreros alemanes y los motines en las armadas francesas o británicas, entre otros casos, para la burguesía internacional. La clase obrera amenazaba con la revolución social en todas partes y había que buscar algún medio para calmar sus ansias. Lo mejor que encontraron los vencedores de la Gran Guerra fue cumplir alguna de sus reivindicaciones históricas.
En el Tratado de Versalles de 1919, se creó un organismo internacional para regular las relaciones laborales, la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Recordemos que en Versalles se decidió el destino de Europa. En su declaración fundacional, la OIT hablaba de garantizar la paz en el futuro a través de la justicia social y laboral. Es decir, que todo el mundo era muy consciente de qué solicitaba la clase obrera. Todavía aparecen frases así en la web de la OIT. Hoy en día es un organismo que pertenece a las Naciones Unidas.
La OIT se estructuró como una organización supra-estatal, conformada por delegaciones de los distintos estados miembros. En sus primeras declaraciones se acuñó el término de «libertad sindical»2. Las delegaciones eran tripartitas y tenían representantes del estado, representantes de las agrupaciones patronales y representantes de las agrupaciones obreras. Esta institución internacional estaba dirigida por la burguesía progresista liberal, por la socialdemocracia y el laborismo. España participó desde el principio en la OIT, en la Conferencia de Washington (la primera que hubo). El primer representante sindical español fue Francisco Largo Caballero, líder de la UGT. Fue elegido miembro del Consejo de Administración.
Pero, un momento. El sindicato mayoritario español de 1919 era la CNT. Así que, ¿qué pintaba la UGT en la OIT?
Lo mismo estaba ocurriendo con las delegaciones obreras de otros estados, como los Países Bajos, que llevaban a la OIT a sindicatos más pequeños (pero más dóciles) que otros más grandes (pero más radicales). La clave recae en el artículo 389.3 de la OIT, que establece que las “organizaciones profesionales más representativas” son las que comparecen, junto con los representantes del Estado y los de los empleadores, por cada país, en la Conferencia anual de la organización3.
Así que cada estado se inventó su propio sistema para averiguar qué sindicato era el más representativo. En algunos casos se basaba en la afiliación y en otros en algún tipo de contienda electoral por el cual medir su fuerza ante los demás sindicatos. Pero en otros casos fue un absoluto cambalache mediante los cuales los gobiernos llevaban a sindicatos de su gusto. Sea como fuere, el caso es que a instancias de los organismos internacionales fueron creándose órganos tripartitos que mediarían las relaciones laborales del momento.
En línea con este espíritu, en el estado español, ya desde 1919 y 1920, se comenzaron a aprobar leyes de tipo corporativista que creaban comisiones paritarias y comisiones mixtas de trabajo basadas en el interés social, que no era otro que el «establecimiento de órganos y reglas que permitan la solución armónica de cuantas diferencias puedan suscitarse entre los patronos y dependientes […] mercantiles, antes de que lleguen a convertirse en conflictos»4. En otras palabras: evitar las huelgas, los sabotajes, los boicots y toda aquella lucha obrera que empoderase el proletariado y le diera la peligrosa idea de hacer la Revolución Social.
Tras el golpe de estado de Miguel Primo de Rivera (1923), la UGT participó en los comités mixtos o paritarios de la dictadura. Lo hizo a instancias de Largo Caballero, que era partidario de participar en las instituciones primorriveristas que tuvieran que ver con la cuestión social. De hecho él mismo participó en el Consejo de Estado. La dictadura pretendía crear un “parlamento corporativo” en el que estuviesen representados los empresarios y los obreros. Para elegir este parlamento serían necesarias unas elecciones sindicales. Sin embargo, este proyecto nunca se llevó a cabo. Ni que decir tiene que las decisiones de Largo Caballero provocaron una tormenta política en el socialismo, que en su mayoría no estuvo de acuerdo con todo este asunto.
Este tipo de instituciones mediadoras, las podemos ver también en la creación de los jurados mixtos en 19315, durante la Segunda República. El responsable de la ley fue el Ministro de Trabajo y Previsión republicano: de nuevo hablamos de Largo Caballero. La función de los jurados mixtos era reglamentar las relaciones laborales. Estaban compuestos por representantes de las asociaciones patronales y por representantes de las asociaciones obreras. La CNT llamó a boicotearlos desde el principio y, por ello, los jurados mixtos nunca lograron desarrollarse lo suficiente ni se pudieron consolidar.
Ahora veamos cuál era la propuesta del anarcosindicalismo a nivel de empresa.
Los comités de fábrica
En 1931 la CNT aprobó en su III Congreso constituir los comités de fábrica y taller, como complemento necesario a los Sindicatos Únicos. Hasta entonces los sindicatos solamente estaban representados por el delegado, que se encargaba de cobrar las cotizaciones y que tenía la capacidad de entablar la negociación colectiva con la empresa. Pero la CNT deseaba que esta implantación fuese más profunda y estuviese alineada con los objetivos de socializar las empresas que profesaba el anarcosindicalismo. Planteaban que estos comités tuvieran una doble misión: «esa misión, aparte de ser la confirmación práctica del federalismo, es un hecho de penetración, primero y de gestión, después»6.
Los comités de fábrica servían para descentralizar el sindicato y ampliar la estructura sindical a centenares de centros de trabajo. Así, los conflictos serían gestionados directamente por los nuevos comités y ya no tendrían que recaer sobre los sindicatos únicos o sobre las secciones, que controlaban a los delegados.
En este caso, cuando se habla de secciones me refiero a los tipos de oficios en los que subdividían los sindicatos de ramo. Para entendernos, los marmolistas o los yeseros conformaban secciones de los sindicatos de la Construcción. No se deben confundir con las secciones sindicales actuales. Eran los restos de las anteriores sociedades obreras que se habían fusionado en los sindicatos únicos.
Por consiguiente, el comité de fábrica debía realizar una tarea, que llamaban de “penetración”, a fin de ser admitido como representante de los trabajadores, acceder al control estadístico de la producción y a promover la capacitación del proletariado en los aspectos de organización y administración de la economía. Se esperaba que fuesen estos comités de fábrica quienes se encargarían de gestionar las empresas, una vez desatada la Revolución Social.
Los militantes revolucionarios de la época supieron explicar la función de estos comités, y cómo encajaban dentro de los planes revolucionarios del movimiento libertario. Por ejemplo, Buenaventura Durruti, en un mitin previo a las elecciones de noviembre de 1933, para las que la CNT y la FAI defendían la abstención, se expresaba con estas palabras:
«La FAI aconseja a los obreros de la CNT puesto que la CNT controla las fábricas y lugares de producción, que no abandonen su puesto; que permanezcan al pie de la maquinaria, que en caso de intento de dictadura o de pronunciamiento militar, se responda en toda línea, con energía, como se debe. Ojo avizor los Comités técnicos y de fábrica. Un consejo a los faístas, también: Vuestro puesto está más allá de la fábrica. Acordémonos de Italia. Una acción complementaria es indispensable. Frente al fascismo de Gil Robles, frente a cualquier intentona militar o de otro carácter, los obreros deben inmediatamente posesionarse de las fábricas. Los hombres de la FAI irán a otros sitios para completar la revolución iniciada con la toma de los medios de la producción»7.
Es decir, que en una insurrección proletaria los obreros se deben apoderar de las fábricas y los comités de fábrica son los encargados de gestionarlas. Mientras tanto, los revolucionarios “de calle” se lanzarán a la ofensiva para controlar todos los puntos estratégicos de la ciudad o de la comarca. Este es el mismo esquema que se siguió tras el 19 de Julio de 1936 y es el preludio de las colectivizaciones industriales que proliferaron en el territorio republicano.
El sindicato vertical
Durante los primeros años del franquismo, Franco sacó a España de la OIT (1941) pensando que ganarían la guerra los nazis. En parte era para utilizar mano de obra esclava para reconstruir el país y en parte para continuar con la criminal acumulación de capitales sin precedentes de los vencedores de la guerra. La mayoría de las empresas del IBEX35 tienen su origen en este expolio.
Sin embargo, hacia 1944 ya se veía que sería los Aliados quienes ganarían la guerra. El régimen decidió dar un giro de 180 grados a fin de dar una imagen más aperturista. De esta forma creó un sindicato único y vertical al cual todo el mundo estaría obligado a pertenecer. Obviamente, todas las anteriores agrupaciones empresariales, agrícolas o sindicatos quedaron disueltas. El régimen no iba a volver a legalizar a la UGT y la CNT, que les habían hecho la guerra de 1936 y que ya se estaban organizando clandestinamente en esa época.
Así que en ese año se lanzó la Organización Sindical Española (OSE) como instrumento del estado totalitario y se le encargó la implementación de la política económica. La OSE estaba dirigida por la Falange y estaba representada en muchas instituciones del estado (en los consejos municipales, en las diputaciones, en las Cortes…). Promulgaba la armonía y la colaboración entre las clases sociales en un sentido corporativista y fascista, típico de la primera época del franquismo. Pero el aspecto que le interesaba a la clase obrera era que una de las funciones de la OSE sería la de hacerle llegar a las altas esferas las aspiraciones de los productores8.
A partir de 1944, además, se comenzaron a celebrar elecciones sindicales para elegir a los delegados, que fueron llamados enlaces sindicales y los jurados de empresa. Estos resolvían los conflictos laborales en la Magistratura de Trabajo. Se puede ver que era un organismo mediador en línea con la praxis de la OIT.
Por entonces numerosos sindicalistas, anteriormente pertenecientes a la UGT o a la CNT, fueron elegidos enlaces sindicales por sus compañeros. No era una cuestión política, sino práctica, ya que eran los que mejor sabían defender los intereses de los trabajadores y quienes conocían mejor la legislación. En el caso de los militantes cenetistas, cuando alguno de ellos era elegido como enlace sindical era expulsado de la Organización confederal por colaborar con el régimen. En aquel momento (1944-47) las guerrillas estaban en su máxima expresión e incluso era común pensar que los Aliados intervendrían en España una vez acabada la guerra mundial.
En el año 1948 Stalin convocó al Partido Comunista a una reunión en Moscú. Es el momento en el que abandonan la lucha guerrillera y se induce a sus cuadros a ingresar en los canales de participación que tiene la dictadura franquista. Por lo tanto, el PCE creó la Oposición Sindical Obrera en los años 50, a resultas de las instrucciones de la URSS, y su misión fue participar en los procesos electorales del sindicato vertical. Al principio no lograron resultados positivos, pero poco a poco consiguieron experiencia y pudieron aprovechar leyes concretas como la del reglamento de jurados de empresa (1953) y la de los convenios colectivos (1958). Al final lograrían mucha importancia dentro del movimiento obrero e incluso dentro del mismo sindicato vertical. Uno de aquellos cuadros, formado en esos momentos, fue Marcelino Camacho.
Es en estos años cuando España vuelve a homologarse con Europa en varios aspectos. Entre otros, en el laboral. Por eso regresó a la OIT en 1956. Ante la comunidad internacional el franquismo presentó las elecciones sindicales como justificación de su aperturismo social. A partir de estos momentos la España franquista comenzará a estar en sintonía con los poderes económicos del bloque occidental dentro de la Guerra Fría. A resultas de ello, los Estados Unidos alertaron sobre el poder que estaban logrando los comunistas en las elecciones sindicales. Así que en los años 60 potenciaron la socialdemocracia de la mano de Alemania. Se prepararon cuadros socialistas y ugetistas para competir también en las empresas contra los comunistas.
Por su parte, en la primera parte de los años 60, los cuadros sindicales del PCE se fueron organizando en comisiones obreras dentro de las empresas para negociar colectivamente. En las elecciones sindicales de 1966 esta opción tuvo un éxito arrollador y a partir de entonces el franquismo perderá parte del control sobre el movimiento obrero, que se irá radicalizando durante los años siguientes, especialmente a partir de 1969 hasta la muerte del dictador.
La Transición
La decisiva intervención de Estados Unidos y de Alemania consiguieron armar una potente socialdemocracia en España, que durante el franquismo había sido residual. En cuanto a las relaciones laborales, después de la aprobación de la Constitución en 1978, se aprobó el Estatuto de los Trabajadores en 1980. Mientras se aprobaba, llegaron las elecciones sindicales del 78. El estado se encontró con la necesidad de casar las expectativas de los comunistas, que se veían claros triunfadores de estas elecciones, con la necesidad de potenciar a la nueva UGT. Por ello mantuvo el modelo anterior, solo que abriéndolo a las candidaturas sindicales que serían las que estarían presentes en los comités de empresa, como querían los socialistas. Esos comités se elegirían por sufragio entre los trabajadores de una empresa o centro de trabajo.
Podemos entender esto como una solución salomónica: por un lado, contentaban a los comunistas que ya están especializados en ganar estas elecciones y, por el otro, creaban un contrapeso con la UGT, que por entonces exigía la representación sindical. Es un acuerdo muy típico del período de la Guerra Fría en Europa Occidental. Con el nuevo sistema se funcionaba igual que durante el franquismo, pero con la libertad de adscripción a cualquier sindicato.
Pero para resumir el período de la Transición hay que entender bien otras cosas del contexto:
En primer lugar, la enorme combatividad de esta época iniciada en el período anterior. El número de huelgas se había disparado hasta límites nunca vistos. Las asambleas proliferaban en las empresas y en los barrios. Había numerosas manifestaciones y, sobre todo, había unas esperanzas de cambios sustanciales. Asimismo, las ansias de libertad crearon todo un nuevo clima político y social muy aperturista y reivindicativo que fomentaba el asociacionismo en todos los ámbitos de la vida.
En segundo lugar, la CNT se había reconstituido bastante tarde, en 1976, atrayendo sectores obreros descontentos con CC.OO. y a la gente más afín emocionalmente a la CNT histórica. En aquella época la Confederación era muy heterogénea y variaba mucho de un lugar a otro. Habría que añadir que nunca fue tan grande sindicalmente como aseguraba la propaganda anarcosindicalista de la época, aunque tuvo bastante fuerza social en parte gracias a la juventud obrera y, en algunos casos, de la contracultura.
En tercer lugar, con la firma de los Pactos de la Moncloa (1977), los políticos y militares del “búnker” postfranquista pretendían dejarlo todo “atado y bien atado”. Acordaron con los políticos y sindicatos de izquierda una paz social duradera para instaurar una época de desarrollo y la entrada en la sociedad de consumo. Una de las claves de los pactos fue la aprobación de las elecciones sindicales, que se celebrarían al año siguiente. Como hemos visto antes, la intención principal fue contentar a las dos grandes centrales sindicales a cambio de su renuncia a huelgas relevantes.
La UGT, justo hasta este momento, se había posicionado contra las elecciones sindicales, ya que buscaban restaurar el marco de los sindicatos históricos, igual que la CNT. Por su parte, las comisiones obreras se estructurarán formalmente como central sindical en 1976, ya que tenían previsto concurrir a esas elecciones sindicales de 1978, previstas para sindicatos legalmente constituidos, no para grupos de trabajadores autoorganizados. Eligieron a Marcelino Camacho de Secretario General.
En cuarto lugar, hacia 1978, se generalizó una fuerte crisis. Esta provocó la caída de las afiliaciones y mucha gente abandonó el sindicalismo porque se disparó el desempleo y cerraron muchas empresas. Fue el inicio del llamado “desencanto”. También provocó fuertes crisis en todas las organizaciones de la izquierda revolucionaria, que veían cerrarse aquella ventana de oportunidad abierta tras la muerte de Franco. La nueva coyuntura se podría explicar por la mezcla de problemas de índole internacional, movimientos geopolíticos, la actuación del estado y de sus infiltrados en la izquierda, los inicios de la sociedad de consumo, la heroína, la violencia policial, el terrorismo, los fascistas en la calle, etc. Todo ello contribuía en una medida o en otra al desencanto.
El ciclo se cerró con el golpe de Tejero, el Mundial del 82 y la victoria arrasadora del PSOE en las elecciones. Ahora miremos el recorrido del anarcosindicalismo una vez pasado el boom de 1975-78.
La CNT se quedó sola en su rechazo frontal a las elecciones sindicales. Aun así, en CNT hubo quienes participaron en las elecciones sindicales de 1978. Bajo las siglas de la CNT salieron 413 delegados a pesar del rechazo formal de la Confederación a participar en estos procesos electorales. Este rechazo se refrendaría en el Congreso confederal de diciembre de 1979. Los argumentos que ofrecía la CNT para no participar era que estas elecciones rompían la unidad efectiva de las plantillas en los centros de trabajo al tener que participar en contiendas electorales. La CNT también defendía, como antes vimos, volver al marco de los sindicatos históricos. Además, por entonces, la CNT hacía mucho hincapié en la autogestión. Aunque no se equiparaba al comunismo libertario, esta autogestión servía para enmarcar una época en la que había empresas que cerraban y podían ser reconvertidas en cooperativas por sus trabajadores, aspiración compartida por el anarcosindicalismo.
Poco más tarde, a mediados de 1980, un grupo de sindicatos que había impugnado el V Congreso se reunieron en Valencia para crear una nueva organización. Fue conocida como “CNT Congreso de Valencia”. Durante los años siguientes la CNT expulsó a otros sindicatos, continuando con el amargo clima de división y enfrentamientos que ya venía desde la primavera del 78.
En 1983, para su VI Congreso, la CNT publicó sus acuerdos vigentes hasta entonces9. Todavía aparecían reseñados los comités de fábrica y taller como elemento fundamental. El texto era una simple adaptación de los acuerdos de 1931 aunque se puede ver que estaban hablando de la sección sindical.
Es relevante ver en ese mismo periódico su balance sobre cómo habían realizado hasta entonces su negociación colectiva. En su autocrítica destacaban los siguientes factores: los acuerdos de la organización eran excesivamente teóricos e ideológicos y estaban alejados de la realidad laboral del país; la militancia era joven e inexperta y carecía de preparación sobre negociación colectiva; las peleas internas habían impedido una crítica sana y existían muchas suspicacias entre militantes que impedían encontrar soluciones prácticas por miedo a ser llamados “reformistas”; le habían dado demasiada importancia a las elecciones sindicales ignorando que mucha gente no participaba en ellas; sus secciones sindicales no tenían suficiente implantación, recurriendo al pataleo ante el resto de sindicatos mayoritarios; no se le había sabido transmitir a la afiliación el programa de la CNT; y por último, reconocían la indefensión de muchas secciones, que quedaron a la deriva, aisladas, sin el respaldo de sus propios sindicatos10.
En aquel momento (1983) la CNT aprobó exigir la disolución de los comités de empresa y la potenciación de las secciones sindicales como forma de representación obrera en las empresas. Aceptaban la celebración de comicios pero solamente para medir el grado de representatividad de los sindicatos en las empresas sin tener que recurrir a la movilización constante, pero no para construir un órgano intermediador entre la empresa y los trabajadores11.
Sin embargo, por entonces existían bastantes sindicatos cenetistas partidarios de participar en las elecciones sindicales. Su propuesta era vaciar de contenido los comités desde dentro y promover la participación de los trabajadores en las asambleas impulsadas por los comités. Esta opción acabó teniendo bastante apoyo en 1983, hasta ganar momentáneamente el congreso. Pero el acuerdo fue modificado rápidamente y se pasó página como si nada, ante el escándalo de los proponentes.
De esta manera se llegó al Congreso de Unificación confederal, celebrado en 1984. En este momento un número importante de sindicatos de la CNT-AIT, partidarios de concurrir a las elecciones sindicales, se pasaron a la nueva organización, que se llamó CNT-Unificada. Es decir, que se unieron a los sindicatos salidos y expulsados previamente de la CNT. Esta organización en pocos años se tuvo que cambiar el nombre convirtiéndose en la CGT actual.
El modelo sindical de la CNT
A la CNT le costó bastantes años poner en marcha su modelo. Aunque lo tenían en 1983, la Confederación quedó tan debilitada por los problemas internos y por no haber visto claro que tener un modelo sindical implicaba tener también una acción sindical a tono, que tardó mucho en poder reaccionar, quedándose en la teoría. Por eso, en varios congresos de la CNT, a veces surgía alguna propuesta de participar en las elecciones sindicales, lo cual demostraba inseguridad sobre el modelo propio.
En 1985 el gobierno aprobó la Ley Orgánica de Libertad Sindical. En esta ley se reconocieron los derechos para las secciones sindicales. En realidad copiaban las indicaciones de la OIT sobre libertad sindical.
A partir de entonces la CNT se centró en poner a punto su propio modelo, a pesar de su reducido tamaño. En este período, dada la debilidad existente, muchas secciones sindicales quedaron reducidas a la mínima expresión, incluyendo secciones unipersonales, a fin de defender el puesto de trabajo ante las represalias de la empresa. Esta praxis convivía con la existencia de algunas secciones importantes.
En general, las secciones crecían en los períodos de conflicto y desaparecían en los períodos de tranquilidad, como durante las huelgas de los astilleros en los 80. Pero la perspectiva cambió radicalmente a principios de los 2000 con las huelgas de Tomares, de Mercadona y la posterior de Caprabo, donde se aprendieron de los errores de la anterior, y se potenciaron nuevas secciones en los centros de trabajo.
Aunque se empezase a vislumbrar alguna cosa en el Congreso de Bilbao, de 1990, en realidad en ese congreso se habló más del otro modelo. En el Congreso de Granada, de 1995, se teorizó sobre un modelo sindical propio, pero no tuvo desarrollo práctico. Fue a partir de 2008-09 cuando ya se hablaría más claramente de un modelo sindical propio y quedó definitivamente incorporado a los acuerdos de acción sindical de la CNT en el Congreso de Córdoba de 2010. Su desarrollo daría un paso más en el Congreso de Zaragoza de 2015 y maduraría definitivamente en el Congreso de Canovellas de 2022.
El modelo se basa en lo que se denomina la representación sindical, que ya hemos visto anteriormente desarrollada. En las secciones sindicales se reparten los cargos y las tareas. Es la acción sindical lo que te protege frente a la represión sindical de las empresas y los despidos, no los cargos, así que todos los componentes de la sección deberán realizar tareas sindicales. A mayor trabajo sindical demostrable, mayor protección habrá.
Todos los cargos (delegado/a, secretario/a de prevención, de organización, de tesorería, de igualdad, etc.) son revocables en todo momento por la asamblea. Esto permite un control democrático de la sección, que pondrá a quien considere oportuno para desempeñar las tareas que necesite desarrollar. Pueden distribuir información laboral fuera de horas de trabajo, recibir la información remitida por su sindicato, recabar las cuotas de la afiliación…
El modelo sindical de la CNT se basa en la implantación afiliativa, es decir, tener la suficiente gente afiliada. Esto es lo que le dará legitimidad a la sección. Para conseguir mejoras mediante una negociación colectiva hay que tener fuerza. Las secciones podrán negociar convenios dignos, subidas salariales u oponerse a los despidos colectivos.
Durante muchos años se puso en marcha todo un entramado de protección legal para estas secciones gracias a numerosas sentencias judiciales que la CNT ganó pacientemente. La Organización se fue adaptando a este sistema y creó recursos propios para apoyar a las secciones en conflicto, tal como el Gabinete Técnico Confederal o la Caja de Resistencia Confederal.
Para comparar, en los 90 la dinámica existente en CNT era quejarse de la discriminación injusta que sufría la Confederación, a cuyas secciones se les denegaba el acceso al tablón de anuncios, a las horas, a un local sindical, etc.
En el caso de los comités de empresa, desde la CNT se los entiende como un organismo el que los sindicatos no tienen realmente el control y desde donde se niega la autonomía de la clase obrera. Tener autonomía implicaría contar con fórmulas de organización que no estuviesen mediatizadas por el estado o la patronal. Lo importante es conocer quién está nombrando nuestros representantes en las empresas y qué órgano se encarga de poner en marcha la acción sindical.
No olvidemos que un comité de empresa es un organismo colegiado en el que las decisiones se toman por mayoría simple. Por lo tanto, depende de la correlación de fuerzas que haya entre los distintos sindicatos que lo componen. Es decir, que lo que importa no es tener presencia, sino realmente tener la mayoría en el comité.
Nos encontramos muchas candidaturas a las elecciones sindicales compuestas por personas que ni tan solo están afiliadas al sindicato al que representarán en el comité. Nos encontramos con representantes sobre los que sus propios sindicatos no tienen ningún control y secciones sindicales de otros sindicatos sin ningún poder de actuación, puesto que toda la capacidad concreta de actuación se la adjudican al órgano unitario, el comité de empresa. Por tanto, aquí no se puede hablar en ningún caso de que exista nada parecido a la acción directa. ¿Qué clase de movilización van a promover así?
Se considera que un comité de ese tipo, sin un apoyo real (aunque existen algunos que sí), no supone ninguna amenaza seria para la empresa. A las empresas no les cuesta nada armar una candidatura con familiares o con obreros dóciles a los intereses patronales. Al fin y al cabo es la empresa la que pone las urnas y es perfectamente capaz de influir en los resultados. Estas candidaturas pro-empresa entran en competición con las impulsadas por las plantillas. Y esto sin tener en cuenta que las elecciones sindicales son cada cuatro años y que la mayoría de los sindicatos no aprovechan el tiempo para conseguir mejoras inmediatas, sino que las presentan dentro de su programa a ver si les votan… “y entonces, ya si eso,” se negociarán esas mejoras.
Por eso la CNT entiende que es mejor organizarse en bloque en el mismo sindicato a través de una sección sindical, que además puede actuar inmediatamente. Y eso se hará sin subvenciones o sin horas sindicales que te concede la empresa, que puede parecer una excusa ideológica, pero que es una forma de presión bien real que utilizan las empresas. El anarcosindicalismo es más práctico que ideológico, aunque parezca lo contrario, y rechazar estos privilegios sirve para garantizar nuestra autonomía de clase. Todo esto se hace para que el control lo tenga el sindicato, la sección y los trabajadores que las componen. En definitiva, se basa en construir tejido asociativo dentro de las empresas, poder popular, poder obrero o como lo queramos llamar.
Concretando un poco más, dentro de los acuerdos actuales de la CNT, las secciones deberían llevar reivindicaciones particulares. Destacan los relacionados con la igualdad de género y el respeto de la diversidad LGTBI+, que deben ser garantizados por la sección tanto en la empresa como en las relaciones internas de la sección. Asimismo, la sección puede comenzar a reivindicar inmediatamente cuestiones relacionadas con la transición ecosocial, tales como pluses de transporte, reducción de residuos, mayor seguridad, higiene y reciclaje, reducir la contaminación e impacto ambiental, y todo lo que se les ocurra. En un contexto de decrecimiento, las secciones podrán proponer cambios de funcionamiento de los sectores productivos y transformar la producción. En este caso todo depende de la fuerza y también del grado de politización de cada sección, responsabilidad que recae sobre los sindicatos y su capacidad formativa.
Otro aspecto destacable es que la CNT actual tiene un programa revolucionario adaptado al siglo XXI. Si bien es un proceso a muchos años vista, se entiende que también hay que ir preparando las secciones. Por ejemplo, si algún día se quisiera controlar el acceso al trabajo, las secciones sindicales deberían colaborar con las bolsas de trabajo y las asambleas de parados, facilitando la superación de las entrevistas en los procesos de selección. O si se pretendiera realizar un análisis sectorial, para esto podrían colaborar las secciones de un determinado ámbito. Y con esto cerramos el círculo de este artículo, volviendo a considerar la sección sindical como el germen de la socialización de las empresas dentro de la implantación del comunismo libertario.
Terminando
Hoy por hoy la Confederación ha superado la afiliación que tuvo aquel 1983 y tiene implantación en centenares de empresas. Podemos decir que también influye en nuestro beneficio el cansancio hacia el modelo de los comités de empresa tras cuatro décadas o que el tejido empresarial actual se compone de cada vez empresas de menor tamaño. De todas formas, dadas las tasas actuales de sindicación, todos los sindicatos tienen mucho campo para recorrer y no deberíamos buscar excusas, ya que en el estado español hay 20 millones de personas asalariadas sin sindicato y, por tanto, sin modelo sindical alguno.
La CNT debe ir poniendo su maquinaria a punto, ya que hay mucha gente que no va al mismo ritmo ni sindicatos que tienen las mismas capacidades. Se deberá seguir haciendo balance de lo que ha funcionado en los últimos años y lo que no, para mejorar el modelo y dar un salto de escala definitivo.
Y para terminar repetiré las dos ideas clave del debate sobre modelos sindicales: a) es importante cómo los sindicatos designan a sus representantes dentro de las empresas; y b) es importante conocer dónde depositamos el peso de nuestra acción sindical.
Por Miguel G. Gómez @blackspartak

- 1. Para conocer la historia de esos representantes revolucionarios Alejandro Andeasi Cieri (2019). “Delegados revolucionarios de empresa [Revolutionäre Obleute] y movimiento consejista en la Gran Guerra y en la Revolución alemana de 1918-1919”. UAB Nuestra Historia, vol. 8, 2019, pp. 67-90. https://www.aacademica.org/alejandro.andreassi.cieri/25.pdf ↩︎
- 2. Es el derecho de los trabajadores a fundar sindicatos o a afiliarse a cualquiera de su elección. Está recogido en la Constitución española, art. 28. Por tanto es un derecho fundamental en consonancia con las leyes internacionales. Este derecho deriva de los Derechos Humanos. La primera vez que se ganó este derecho fue en Inglaterra en 1824. Es decir, que primero existió el sindicalismo, y más tarde se ganaron los derechos civiles y políticos básicos y nunca fue al revés. ↩︎
- 3. Carlos Molero Manglano. Los sindicatos más representativos. https://vlex.es/vid/sindicatos-representativos-205924505 ↩︎
- 4. Daniel Vallès Muiño (2020). “El Ministerio de Trabajo 1920-1923: Iniciativas normativas relevantes.
Corporativismo, Casas Baratas e Inspección de Trabajo.” IUSLabor 2/2020 https://www.google.com/url?sa=t&source=web&rct=j&opi=89978449&url=https://www.raco.cat/index.php/ IUSLabor/article/download/370078/466109/ ↩︎ - 5. Se puede leer el texto de la ley aquí: https://www.boe.es/gazeta/dias/1931/11/28/pdfs/GMD-1931-332.pdf ↩︎
- 6. Actas del Congreso de la CNT. Madrid, 1931 ↩︎
- 7. Solidaridad Obrera, 17/11/1933, p. 3 ↩︎
- 8. Glicerio Sánchez Recio. El sindicato vertical como instrumento político y económico franquista. Univeridad de Alicante ↩︎
- 9. CNT, febrero de 1983 ↩︎
- 10. Ídem
↩︎ - 11. Otra resolución de interés era la petición de control de la Seguridad Social por parte de los sindicatos, nunca puesta en práctica. ↩︎